sábado, 18 de diciembre de 2010

FELICES FIESTAS PARA TODOS


Dentro de unos días llegarán de nuevo las Navidades, unas fechas con gran significado para todos. Algunos las recibirán con gran alegría y entusiasmo, otros con tristeza y melancolía, hasta habrá gente que se las tome con desidia. Por lo pronto, éste es un período de reflexión, en el que, durante unos cuantos días, intentamos hacer balance de lo bueno y de lo malo que nos ha sucedido durante todo el año. Hoy no me voy a poner filosófica, no es mi intención, y que cada cual mire en su interior y saque sus propias conclusiones. Con esta entrada sólo pretendo desearos a tod@s unas Muy Felices Fiestas y que el Año Nuevo que está a punto de comenzar sólo os depare felicidad y buenos augurios. Sin felicidad no somos nadie, aunque todos tengamos una opinión diferente de lo que consideramos que significa este término. Salud, dinero, amor… las prioridades son diferentes en cada persona, así que yo os deseo todo esto y más.




FELICES FIESTAS DE TODO CORAZÓN

sábado, 4 de diciembre de 2010

Vídeo presentación de "El viaje del presidente"


Como ya apunté en la anterior entrada de este blog, hace poco más de una semana estuve en Albacete, presenciando la presentación del libro de una buena amiga, Menchu Garcerán. Por primera vez en mi vida, dejé la cámara de fotos en mi casa y, cámara de vídeo en ristre, quise plasmar en algo más que unas cuantas imágenes todo lo que se vivió ese día. No es mi intención narraros aquí una crónica escrita, eso ya lo han hecho en sus respectivos blogs, con innegable maestría, tanto la protagonista de tal evento, Menchu Garcerán (pinchad aquí para ver su versión), como la fabulosa escritora Noelia Amarillo (pinchad aquí para disfrutar de una crónica “spectaaaaaaaaaaaaaaaaaaaacular”).

Yo voy a poner mi pequeño granito de arena mostrándoos, “en exclusiva y sin ningún tipo de censura” (jajajajaja, estaba deseando decir esto) la grabación completa de la presentación (con una pequeña sorpresita, jejejeje) para que podáis ver con vuestros propios ojos todo lo que se dijo aquella tarde, y no sólo pongáis cara a algunas personas, sino además también voz.

Como el vídeo dura algo más de una hora y el archivo es muy grande, os paso un enlace directo donde, si pincháis en él, os podréis descargar en vuestro ordenador los 16 archivos (que no 15 ni 17, sino 16). Después de descargároslos TODOS (si os falta algún archivo, no os permitirá abrirlo), sólo tenéis que descomprimirlos con un zip o un rar, sentaros cómodamente delante de vuestra pantalla y disfrutar de todo cuanto nosotras disfrutamos ese día. ¡Por cierto! El editor del vídeo me informa que el acceso tiene una pequeña contraseña, así que, quien esté interesad@ en ver el vídeo, no tiene más que pedírmela y yo se la daré.

El enlace para descargar los archivos es el siguiente:


A mí sólo me queda agradecer en estas líneas la inestimable compañía de mi compañera de viaje, Mamen Méndez, porque con su presencia, alegría y vitalidad, no hizo sino conseguir que esos dos días fuesen aún más fabulosos de lo que ya esperaba. 

¡Muchísimas gracias, guapa!

jueves, 2 de diciembre de 2010

Albacete tiene algo especial...

No, no me he equivocado de ciudad, aunque muchos lo estéis pensando. Unos sitios destacan por sus monumentos; otros, por su gastronomía. Pero esta ciudad, a la que hasta hace bien poco relacionaba única y exclusivamente con sus navajas, la feria de septiembre, el rabo de toro y el queso frito, hoy en día se ha hecho con un nombre propio dentro de la literatura romántica española. ¿Y por qué? Los que leáis este género literario ya sabréis por dónde van los tiros, y los que no, después de esta entrada estaréis más que enterados.

Hace unos años conocí a tres mujeres que, al igual que yo, eran unas apasionadas de la novela romántica. Pero su pasión no se centraba sólo en la lectura de este género, sino que iba más allá. Disfrutaban creando sus propias historias y mostrándolas a unas pocas privilegiadas, entre las que me incluyo, con la esperanza y el deseo oculto de que algún día sus obras se diesen a conocer en el mundo literario. Cuando existe arte, tarde o temprano sale a la luz, por muy difícil que sea el camino hasta conseguirlo. ¡Y vaya si lo han conseguido!

Mar Carrión, Menchu Garcerán y Ana R. Vivo. El trío albaceteño, como yo las llamo. Tres grandes escritoras, tres buenas amigas. Me siento muy orgullosa de considerarlas como tal, pero es que lo son. Estoy inmensamente feliz al ver que sus sueños se han cumplido, y cada día que pasa mi corazón late más fuerte, al unísono que el de ellas, cuando reciben otra noticia que afianza más y más los cimientos del éxito que están cosechando.


Mar Carrión ya tiene dos novelas publicadas a sus espaldas. “Bajo el cielo de montana”(Ed. Terciopelo), ganadora del III premio Terciopelo, fue su debut literario y con ella se dio a conocer a los lectores. Hace dos meses salió a la venta su segunda novela, “Decisiones arriesgadas”(Ed. Terciopelo). Como bien dice el título, supuso una apuesta muy arriesgada, ya que la autora tuvo el coraje de atreverse a escribir un thriller romántico, justo en el momento en el que todos los ojos estaban puestos en ella para comprobar si su primer éxito sería efímero o, por el contrario, la asentaría definitivamente dentro del panorama literario. Mar Carrión superó la prueba, y con creces. Esta segunda novela sólo ha venido a demostrar que es una autora muy a tener en cuenta en este mundillo. La calidad de su segunda novela y las buenas críticas que ha recibido de ella así lo atestiguan, porque nos ha demostrado que tiene un potencial impresionante, que se crece ante un reto y, más que bien parada, sale triunfante de él. Si su primera novela tuvo una buena acogida, la segunda ha conseguido superar cualquier tipo de expectativas al respecto. Sin embargo, esto es sólo el principio y auguro que su carrera va a ser meteórica.

Menchu Garcerán es el claro ejemplo de “el que la sigue, la consigue”. Y además, por partida doble. ¿Quién le hubiese dicho a ella hace unos pocos meses que ahora estaría viviendo un momento tan dulce? A buen seguro Menchu se hubiese carcajeado y no habría dado ningún crédito a estas palabras. Pero el afán de superación, la tenacidad y el levantarte una y mil veces cuando tropiezas, aunque te duela, logra abrir muchas puertas. Hoy hace justo una semana que estuve presenciando en Albacete, henchida de orgullo y alegría, la presentación de su primer libro publicado, “El viaje del presidente”(Ed El Maquinista). No voy a decir nada más de esta novela porque si habéis leído una de mis últimas entradas, podréis descubrir cuál es mi opinión. Sin embargo, no contenta con saber que por fin había logrado su sueño, hace dos días recibí una llamada que me hizo dar, literalmente, saltos de felicidad. Menchu era la ganadora del V premio Terciopelo, y la novela premiada, una creación inédita, “Ensayo y error”. Nada más escuchar su voz, y aunque ella aún no me había dicho nada, lo supe. No sé por qué, pero lo supe. Bueno, sí lo sé, y es que los que la conocemos y hemos leído sus escritos sabíamos que su talento tenía que despuntar por algún lado, y después de tantos años esperando a que llegase este momento, la bola se ha hecho tan grande que no ha hecho otra cosa sino explotar. “¿Querías chocolate? Pues aquí tienes dos tazas”. La verdad, yo no me conformo con sólo dos tazas, quiero más y más, así que ya sabes, Menchu...

Ana R. Vivo es la tercera componente de este trío tan peculiar. Quizás es de la que menos hayáis oído hablar, pero esto pronto va a cambiar. Dentro de muy pocos días saldrá a la venta su primera novela, “No mires atrás” (Ed. El Maquinista). Ana es una escritora muy prolífica, con una imaginación desbordante y una capacidad para crear historias impresionante, así que ya estaba tardando en salir del caparazón. En realidad, alguna de sus novelas tenía que ser la primera, con la que se diese a conocer, pero eso no es óbice para afirmar que el resto de su obra es igual de extraordinaria. Os aseguro que, al igual que Mar Carrión y Menchu Garcerán, Ana R. Vivo va a dar mucho que hablar, porque tiene mucho potencial, mayor arrojo e infinidad de buenas historias con las que deleitarnos. El tiempo lo dirá, pero yo ya os voy advirtiendo.

¿Entendéis ahora por qué os digo que Albacete tiene algo especial? No sé lo que será, pero lo que sí es cierto es que esa tierra ha parido a tres mujeres fantásticas que están poniendo en un lugar muy alto el lugar que las ha visto nacer como escritoras.


Mar, Menchu, Ana, ¿veis esta foto? ¿Sabéis dónde estáis mirando? Estáis mirando hacia el cielo, a un sitio cuajado de estrellas donde vosotras, por méritos propios, ya os habéis abierto hueco. Tomad posición y respirad hondo, porque vais a estar allí durante muchos años, en lo más alto. 

Esto va por vosotras chicas. Porque os lo habéis ganado a pulso. 

¡FELICIDADES!

martes, 9 de noviembre de 2010

Reseña de "El viaje del presidente", de Menchu Garcerán

En mi última entrada a este blog anunciaba la próxima publicación de dos libros que llevaba esperando que cayesen en mis manos como agua de mayo. Han transcurrido dos meses de esto, han ocurrido muchas cosas que bien podrían servir para rellenar más y más entradas en este espacio que últimamente tenía abandonado, pero en vez de eso, 

quiero hacerle de nuevo un hueco a una de esas dos autoras con algo que nunca hasta ahora había hecho, aunque siempre hay una primera vez para todo. Hoy voy a hacer mi primera reseña de 

un libro, “El viaje del presidente”, de Menchu Garcerán.

“Kate Boroni, tras la muerte de su marido Frank, corresponsal de guerra en Afganistán, se dispone a resurgir de sus cenizas.

Cruzará el país para trabajar en la redacción de un periódico perteneciente a un antiguo amigo de la facultad. Allí conoce a David Sinclair, reportero cansado de su vida errante y desordenada que ya tenía noticias de la existencia de Kate por unas fotos que el mismo Frank le había mostrado en uno de sus viajes.

En esta historia de intriga, amor y superación, la identidad racional y prudente de Kate se verá destronada por ese temperamento apasionado que toda aventurera urbana lleva dentro.”

Aunque suene extraño, tratándose de una amiga a la que estaba deseando que publicasen, este libro no me lo he leído con ojos condescendientes, sino con los ojos de una lectora exigente que sabe lo que le gusta y lo que no. A pesar de esto, siempre he tenido presente que estamos hablando de una escritora novel y se nota en ciertos aspectos, pero nada que no se pueda resolver con la experiencia.

Pues bien, este libro me ha gustado, y mucho. Y debo decir que la sinopsis que aparece en la contraportada del libro no le hace justicia al argumento. Kate Boroni no es una aventurera urbana, sino una mujer destrozada por circunstancias de la vida que, poco a poco y gracias a la inestimable ayuda de un reportero insistente, carismático, decidido y, cómo no, guapo hasta decir basta, aprende a vivir de nuevo. 

No se trata de una novela de aventuras, que las hay, sino de una historia donde se demuestra que la constancia y el amor son los pilares de la superación, que cuando la vida te da una segunda oportunidad, debes aferrarte a ella como un clavo ardiendo y pasar página, aunque no sea fácil.

De la mano de la autora, nos adentramos en una historia de amor cuyos cimientos se basan en los escombros de otra historia fallida, muy presentes a la hora de complicar una incipiente relación, no sólo por los dolorosos recuerdos que impiden a la protagonista mirar hacia delante, sino además por un gran secreto que hasta ahora había permanecido oculto, una amenaza en la sombra que se cierne sobre la protagonista y la llevará por un camino repleto de dificultades. 

Con este libro y junto a los protagonistas, emprenderemos un viaje por diferentes emplazamientos de Europa sin movernos de nuestro punto de lectura. Ciudades con encanto como París, Londres, Roma o Praga, serán el escenario mudo pero también un marco incomparable para el nacimiento de un amor capaz de superar todas las eventualidades. Sin embargo, no será un viaje de placer, sino un periplo repleto de intrigas donde nada ni nadie es lo que parece, donde el peligro acecha detrás de cada lugar emblemático y donde la consecución del amor que comienzan a sentir los protagonistas se verá obstaculizado por las dudas, las mentiras y la envidia. 

Un libro cuya lectura es muy fluida, con descripciones atrayentes y diálogos sólidos que invitan a avanzar en un argumento interesante, que engancha desde el principio. La trama de suspense, absolutamente coherente, no decae en ningún momento, y la historia de amor es sencillamente maravillosa. En definitiva, un libro absolutamente recomendable. Ahora sólo me queda esperar la siguiente creación de esta autora que ya se ha abierto un hueco dentro del panorama de la literatura romántica y que estoy segura de que nos va a seguir sorprendiendo con nuevas y fascinantes historias.

domingo, 5 de septiembre de 2010

¿El otoño siempre es triste?


Durante toda mi vida siempre he pensado que el otoño era triste, que la llegada de esta estación suponía no sólo la caída de las hojas, el comienzo del frío y la vuelta a la rutina, sino además la explosión de la melancolía del espíritu. No sé, este sentimiento debe de estar arraigado con fuerza en mi interior por mi condición de nativo libra. Nací en los albores de esta estación, cuando el abrigo de los árboles cambia su tonalidad de verdes rabiosos a una variante de ocres, vivos al comienzo pero desvaídos en su ocaso, cuando el cielo oscurece antes y su intenso azul se diluye en una paleta de grises, y cuando el viento eleva su voz como fuerza de la naturaleza para anunciar la llegada, otro año más, de un clima adverso.

Dicen que los niños nacidos en otoño llegan al mundo con un alma triste, y siempre he pensado así hasta hoy.

Aún quedan unos cuantos días para el cambio oficial de estación, para que esa transformación del escenario fijo pero variable que nos rodea se haga más palpable, pero hoy me he dado cuenta de que este año puede ser diferente. Antes de su última caída, volverán a mudar de color las hojas, volverá a soplar el viento con fuerza y volverán a nacer niños con alma triste.

O no.

Esta entrada es el anunciamiento no de uno, sino de dos nacimientos. Pero no me refiero a un alumbramiento humano, sino a un alumbramiento de arte. Me refiero a la próxima publicación de dos libros que, y esto lo puedo decir muy alto, me hace muchísima ilusión ver salir a la luz. Se podría decir que son dos nuevos pero esperadísimos retoños. Por lo pronto, lo son a ojos de sus autoras, aunque para mí también. Las autoras, Menchu Garcerán y Mar Carrión, y sus “niños”, “El viaje del presidente” y “Decisiones arriesgadas”.

La primera de las autoras es primeriza en esto de publicar, no así la segunda, que ya va a pasar por el trance de su segundo “parto”. Las dos son unas prolíficas y estupendas escritoras de novela romántica, oriundas de Albacete (yo no sé qué tendrá esa ciudad, cuna de tanto talento al fin descubierto… y del que queda por descubrir). Dos grandes mujeres que conozco personalmente, y a las que me gustaría que también vosotr@s conociéseis, al menos un poco, a través de mi blog (aunque creo que la mayoría de vosotr@s ya tiene ese gusto).

Me hace inmensamente feliz saber que, dentro de muy poco tiempo, Menchu va a ver su sueño convertido en realidad, aquél que tanto ha ansiado y por el cual tanto ha luchado. Gracias a su perseverancia y, ¡cómo no!, a su talento, su primer libro va a ver la luz, y digo su primer libro porque éste sólo es el primero de muchos, de todos los que tienen que venir. A sus espaldas lleva escritas varias novelas más y, aunque ésta es la primera que va a ser publicada, la calidad de sus creaciones indica que el momento elegido ha sido mera cuestión de suerte. Menchu, ya te lo he dicho muchas veces, pero no me cansaré de repetírtelo: mi más sincera enhorabuena. Te lo mereces.

También me llena de alegría comprobar que Mar, una autora hasta ahora novel, continúa con su ascensión imparable en el mundo literario de mano de la publicación de su segunda novela. Su primer libro, “Bajo el cielo de Montana”, fue el ganador de la III edición del premio Terciopelo, pero ahora ella vuelve para demostrarnos que su éxito no fue algo fugaz y pasajero, que su estrella va a brillar cada día con mayor intensidad. Simplemente, lo sé.

Menchu Garcerán y Mar Carrión. Dos excelentes escritoras pero, ante todo, dos buenas amigas. Porque tengo el honor de considerarlas a ambas mis amigas, y me hace una tremenda ilusión hacer eco en mi blog de la noticia de su próxima publicación.

A continuación os dejo las portadas y sinopsis de sus respectivas novelas, las cuales saldrán a la venta pronto, muy pronto. Con la llegada del otoño. A la vuelta de la esquina.

El viaje del presidente, de Menchu Garcerán

Fecha estimada de publicación: 20 de septiembre de 2010

SINOPSIS 

Kate Boroni, tras la muerte de su marido Frank, corresponsal de guerra en Afganistán, se dispone a resurgir de sus cenizas. Cruzará el país para trabajar en la redacción de un periódico perteneciente a un antiguo amigo de la facultad. Allí conoce a David Sinclair, reportero cansado de su vida errante y desordenada que ya tenía noticias de la existencia de Kate por unas fotos que el mismo Frank le había mostrado en uno de sus viajes. 

En esta historia de intriga, amor y superación, la identidad racional y prudente de Kate se verá destronada por ese temperamento apasionado que toda aventurera urbana lleva dentro. 

Decisiones arriesgadas, de Mar Carrión

Fecha estimada de publicación: 4 de octubre de 2010 

SINOPSIS 

La joven periodista Megan Lewis encuentra el cadáver de su vecina cuando pasa a recoger a su perra, un caniche al que Emily cuida cuando ella está trabajando. La mujer ha sido cruelmente asesinada y Megan necesita descubrir la verdad que se esconde tras un crimen tan espantoso. 

Derek Taylor, el policía encargado de la investigación, es también un amigo de la víctima que no va a parar hasta esclarecer quién o quiénes son los culpables. Pero mientras él investiga el caso no para de tropezarse con Megan, que no cesa de meter su linda naricita en sitios donde no la llaman.

Lo que ninguno de los dos espera es encontrarse con un caso mucho más complicado de lo que parecía en un principio y donde cualquiera puede estar implicado. 

-------------------------------------------------

Si queréis saber más sobre ellas, os invito a visitar sus blogs:



-------------------------------------------------

Menchu, Mar, gracias por hacer que este otoño tenga otro significado para mí.

martes, 17 de agosto de 2010

Y otro más... justo antes de cerrar el chiringuito durante unos días

Yo, que venía a despedirme de todos vosotr@s durante unos días, me he encontrado con una sorpresita, otro regalo en forma de premio.

Pues eso, que esto de los premios bloggeros está subiendo como la espuma, y a mí me hace muchísima ilusión recibirlos, esta vez de mano de la fantástica Noelia Amarillo. ¡Gracias, guapísima!

Las condiciones para recibirlo son dos, aunque la primera yo veo innecesario mencionarla, porque SIEMPRE hay que dar las gracias por cualquier regalo que recibamos. De cualquier modo, me repito: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

La segunda condición consiste, cómo no, en pasar el testigo a otros cuatro blogs, otorgándoles este mismo premio. Pues ahí va, éstos son los blogs, aunque creo que su destino es del todo menos oscuro, o al menos yo lo veo muy nítido:


Y poco más. Como ya he comentado al principio de esta entrada, me voy a ausentar durante unos días, pero deseo de todo corazón veros a tod@s a la vuelta. Además, a mi regreso tengo preparada una sorpresita que espero que os guste… y no, no es otro premio. Es algo más “íntimo y personal” que quiero compartir con vosotr@s, mis lectores en la sombra, mis seguidores, mis amigos.

¡Nos vemos en septiembre!

viernes, 13 de agosto de 2010

Esta entrada va de premios...

Pues sí, esto va de premios. En el día de hoy, y por dos fuentes distintas, mi blog ha recibido estos premios:
Como es de bien nacido ser agradecido, lo primero que debo hacer es dar infinitas gracias a quienes me los han concedido, esto es, el blog de el misántropo digital y el de Yolanda Quiralte. Aprovecho esta entrada para recomendar encarecidamente que visitéis sus respectivos rinconcitos, ya que merecen la pena. De verdad de la buena.

Al parecer, tengo que exponer así, en público, tres cosas que me gusten. ¿Sólo tres? Si es que hay tantas… bueno, a ver: por encima de todo, me encanta dormir. ¡Es mi mayor hobbie! También me gusta mucho viajar (aunque ahora mismo la cosa está chunga con esto de la crisis). Y la otra cosa que me apasiona (no, no voy a decir “leer” o “escribir” porque eso es obvio) es una buena charla con los amigos. Como veréis, cosas sencillitas.

Y ahora, el momento de pasar el relevo de la antorcha. Los blogs elegidos para recibir estos premios son:

1.-Ana R. Vivo
2.-Menchu Garcerán
3.-Mar Carrión
4.-Los achiperres de Mamen
5.-Anna, del blog “Princesa”

martes, 10 de agosto de 2010

El faro (3ª parte)



Aquí está la tercera y última parte que dispongo de “El faro”. A partir de ahora el argumento de esta historia habrá que dejarlo a vuestra imaginación… o a la mía. ¿Cuál os gusta más? 

Lo único que hizo fue girarse para plantarle cara. Apoyó levemente sus manos en el musculoso pecho para así crear una cierta distancia que los separase y, sin quererlo, con la yema del dedo corazón rozó el extraño colgante que ese hombre llevaba prendido al cuello. Sintió un tapón en los oídos, un hormigueo en sus articulaciones y la sensación de que le faltaba aire. Acto seguido se desmayó. De lo último que tuvo constancia antes de desvanecerse fue que unos fornidos brazos la sujetaban para evitar la inminente caída.

A partir de ese instante todo se volvió caótico. Comenzó a vagar en una espiral de imágenes entrelazadas, en las cuales se mezclaban retazos de su pasado con escenas desconocidas. En un momento dado permanecía de pie junto al bombón de su profesor de Economía mientras sujetaba firmemente, entre sus manos, el portafolios con el trabajo a entregar ese semestre, intentando en vano articular dos palabras coherentes, y al momento siguiente pasaba a encontrarse en medio de un paraje desconocido para ella, rodeada de exuberante vegetación pero completamente sola.

Hacía un tiempo lluvioso, con un fuerte viento que agitaba con fiereza las ramas de los árboles, y un estremecimiento la recorrió de arriba abajo. Estaba calada hasta los huesos, pero ese no fue el motivo de su agitación. Algo oscuro y trágico estaba a punto de ocurrir. Esa imagen desapareció precipitadamente, dando paso a muchas otras más, innumerables sucesos ya vividos anteriormente por ella. Eran flash-backs, se evaporaban tan rápido en su retina como habían venido, pero vio transcurrir toda su vida a una velocidad vertiginosa, como si una fuerza invisible hiciese pasar hacia atrás, a un ritmo trepidante, las hojas de un calendario.

El tiempo se paró, encontrándose de nuevo en el salón de su antigua casa. Vestía aquel ridículo camisón con el dibujo de ese teleñeco cuyo nombre nunca conseguía recordar, y su carita infantil resplandecía, iluminada de alegría, ante la visión de todos los regalos que le habían traído esa noche los Reyes Magos. El sentimiento que la inundó fue de felicidad absoluta, pero al instante siguiente se transformó en una tristeza y agonía total.

Volvía a estar en aquel paraje inhóspito, pero ya no se encontraba sola: hombres, mujeres y niños de piel olivácea corrían de un lado para otro agitando los brazos con una expresión en sus rostros de puro terror. Desvió la mirada hacia un claro que se abría en la espesura del bosque, y por allí vio aparecer multitud de hombres a caballo, vestidos con extraños ropajes, portando en sus manos antorchas encendidas.

Sus ojos inyectados en sangre reflejaban el odio más visceral que jamás hubiese podido contemplar.

De improvisto, los jinetes azuzaron sus monturas y las guiaron en un movimiento calculado, formando alrededor de toda esa gente un inconfundible círculo, con lentitud pero suma precisión, hasta encerrarlos en una prisión mortal.

Observó con horror cómo desenvainaban sus espadas y, sin pensárselo dos veces, arremetían contra aquellos inocentes. Lo intentó, pero no pudo hacer nada para ayudarlos; incomprensiblemente, sus pies permanecían clavados al suelo, como si hubiesen echado raíces profundas en el interior de la tierra. Lágrimas de impotencia surcaron sus mejillas ante tamaña crueldad, sintiéndose incapaz de evitar lo que estaba ocurriendo frente a sus propios ojos.

Gritó con todas sus fuerzas cuando el primer hombre asestó una estocada mortal a un muchacho que no debía de tener más de catorce años. Sin embargo, no fue por la masacre que estaba contemplando sino un dolor lacerante en el pecho, lo que la hizo doblarse en dos. Se llevó las manos al estómago y, con incredulidad, comprobó que estaban manchadas de sangre.

Su sangre.

Dejó que su mente quedase en blanco. Perdió la noción del tiempo, al igual que la del espacio. Podrían haber transcurrido segundos, minutos u horas. Sólo pudo ser consciente de que, poco a poco, el dolor iba remitiendo y un tenue aroma a jabón de sosa se impregnaba en sus fosas nasales. La cabeza le daba vueltas como si la hubiese metido en una centrifugadora, así que no fue sino al cabo de bastante rato cuando tuvo el ánimo de volver a abrir los párpados de nuevo. Aquella horrible imagen de barbarie y destrucción había desaparecido; en contraposición, ahora estaba siendo tiernamente abrazada por otra persona.

Ese extraño hombre la miraba con ojos cargados de preocupación y, mientras la acunaba en su regazo, no hacía más que repetir:

-Arabelle… Arabelle…

El faro©Chus Nevado

domingo, 25 de julio de 2010

El pecado de ser mujer


Vivimos tiempos de igualdad, libertad, oportunidades… o eso es lo que creemos. Parece imposible, pero en nuestro mismo mundo, aunque nos resulte lejano y añejo, aún existen vestigios de épocas pasadas, injusticias tan grotescas que pensamos que son irreales, que hace mucho tiempo dejaron de suceder a nuestro alrededor.

Quizás el quid de la cuestión radica en una cuestión de suerte, nada más. Suerte de no ser esclavos y dependientes de unas normas equivocadas que vulneran la integridad y la libertad que tod@s deberíamos poseer, independientemente de nuestra religión, raza y/o sexo. Hay muchas personas que no pueden disfrutar de esos derechos esenciales que nosotr@s ya damos por hecho. Muchísimas personas.

Es posible que no podamos cambiar ciertas cosas, que nunca lleguemos a cambiarlas por completo, pero al menos podemos intentarlo. Como en el caso de Sakineh Mohammadi.

Te invito a que firmes esta propuesta porque quizás, gracias a ella y al apoyo de mucha gente como tú y como yo, podamos conseguir que esta mujer tenga esa “suerte” que todos deberíamos poseer y así evitemos su lapidación.

¿Su pecado? Ser mujer.
¿Su castigo? La muerte.
¿Por qué? Nunca llegaré a entenderlo.

Si no quieres hacer oídos sordos a esta despreciable condena, firma aquí.

GRACIAS.

viernes, 9 de julio de 2010

El faro (2ª parte)


Su vida ya no era suya. No le pertenecía desde aquella fatídica noche en la que todo su mundo cambió para siempre. Había tenido mucho tiempo para pensar, demasiado, pero la única conclusión que había podido sacar era que, poco a poco, día tras día, se estaba acercando cada vez más al círculo vicioso de la completa demencia. ¡Dios, cómo se arrepentía de todo lo ocurrido!

Aquel día ya lejano, cuando tomó esa decisión, ni en sueños habría podido imaginarse las consecuencias que acarrearían sus actos. Por algo le miraba fijamente, a él en especial, el consejero espiritual de su clan cada vez que daba un sermón: “Cuidado con lo que habéis de sembrar en el largo recorrido de vuestras vidas, porque así recolectaréis y se os será doblemente retribuido”. Nunca había llegado a entender el doble sentido de las palabras de aquel clérigo con mayor claridad que en esos precisos momentos. El sacerdote era un hombre recto y severo donde los hubiere, pero también muy sabio, aunque no se había dado cuenta de esto último hasta ahora, cuando ya era demasiado tarde.

Todo comenzó una inusual mañana soleada a principios de otoño. Esa caravana de gitanos había llegado a sus tierras, acampando en las lindes del inmenso robledal situado en los límites de su propiedad, con intenciones de establecerse allí de forma permanente. A él no le gustó nada esa intromisión, pero su esposa le había convencido con sus artimañas femeninas de la inocuidad de tal asentamiento. “Al fin y al cabo son sólo personas como tú y como yo, aunque sin un lugar fijo al que llamar hogar”, había argumentado ella con suma dulzura. “Déjalos que acampen aquí. Ni siquiera te darás cuenta de su presencia y, cuando menos te lo esperes, ya se habrán marchado”.

Arabelle. Su adorada Arabelle. Habían pasado sólo tres meses desde que la hizo su esposa, pero ya había descubierto que no podía vivir sin su presencia. Su mundo giraba entorno a ella, desviviéndose por hacerla feliz. Esa sassenach le había robado el corazón desde el mismo momento que la conoció. Fue en un baile en la corte, cuando todo lo que le rodeaba perdió sentido para él al contemplarla danzar al son de una jiga. Se quedó completamente hipnotizado al verla girar y reír como si de una niña se tratase, y ya no pudo separarse de ella. Todo su clan le había advertido que era muy peligroso desposarse con una inglesa, mucho más en aquellos tiempos tan conflictivos que se vivían, pero eso a él no le importó. La quería y nadie iba a impedir que fuese suya. Y lo fue.

Esos últimos tres meses habían sido los más dichosos de su vida. Esa misma mañana, Arabelle le había colmado de felicidad al informarle de que próximamente serían padres. Su rostro, al ser conocedor de la noticia, fue de lo más expresivo. Pasó por diferentes estados: incredulidad, sorpresa, satisfacción, alegría y, finalmente, orgullo. Por esa razón claudicó y accedió a los constantes ruegos de su esposa para que permitiese que el campamento gitano se asentase en sus tierras.

Ése fue su mayor error, como lo fue también consentir que Arabelle les visitase.

Su doncella, una muchacha alocada y poco juiciosa, le había llenado la cabeza de pájaros explicándole con todo lujo de detalles la mercancía con la que comerciaban los titiriteros. A su esposa le llamó especialmente la atención un velo árabe de delicada gasa, vendido a su sirvienta por muy buen precio, así que Arabelle se empeñó en hacerse con otro similar. Pese a las constantes objeciones que Derek le puso para evitar que se acercase al campamento, finalmente ella se salió con la suya y le convenció de que un simple paseo hasta el robledal no le iba a acarrear ningún tipo de problema, mucho menos cuando iría convenientemente acompañada.

No la volvió a ver con vida.

Estaba anocheciendo cuando un carro solitario, conducido por un joven gitano, cruzó el puente levadizo del castillo portando el cuerpo inerte de su mujer. Junto a Arabelle, su doncella personal se llevaba las manos a la cabeza y no hacía más que proferir, entre sollozos, incoherentes palabras.

Cuando Derek vio el cadáver de su idolatrada esposa sobre la paja de aquel destartalado carromato, no esperó a recibir ningún tipo de explicación por lo sucedido. Simplemente soltó un aullido desgarrador que cortó el aire y, con mortal determinación, ordenó arrasar el campamento. Las llamas bailaron esa noche una danza macabra junto al robledal y el humo negro se elevó en el cielo durante días.

Acababa de enterrar a su mujer, aún estaba de rodillas frente a la tierra recién removida cuando sintió una presencia a su espalda. Se dio la vuelta con lentitud, sólo para encontrase cara a cara con una gitana decrépita que se sostenía inestablemente en un retorcido bastón. Le sorprendió mucho la mirada cargada de odio que esa anciana le retribuía, aunque no lo manifestó abiertamente. Iba a echarla sin contemplaciones de aquel sagrado lugar, pero se quedó inmovilizado cuando ella comenzó a hablar con inusitada firmeza mientras le señalaba con uno de sus artríticos dedos:

-Tú, depravado, eres el culpable de la muerte de todo mi clan. No tuviste clemencia ni con las mujeres, ni con los niños, y por eso yo te maldigo. Jamás tendrás paz, pasarás tu existencia arrepintiéndote eternamente de todos tus pecados. No hallarás la muerte, pues tendrás una muerte en vida, y no descansarás hasta haber cumplido una justa penitencia con la que resarcirás todo el daño causado. Sobre suelo sagrado expreso mi plegaria e invoco mi maldición.

Dicho esto, la mujer escupió en la tierra y se marchó.

Derek fue incapaz de moverse de allí hasta pasados unos minutos, hasta que inspeccionó los alrededores y no halló rastro alguno de la anciana. Entonces él también abandonó el camposanto e intentó olvidar aquella extraña visita. Sin embargo, no pudo. Al principio no le había dado ninguna importancia a sus palabras, pero con el paso del tiempo esa maldición fue cobrando sentido para él. Mucho sentido.

Transcurridos cuatro meses, Derek llegó a un estado tal de desesperación por la pérdida de Arabelle que decidió quitarse la vida. Sin ella ya nada tenía sentido, así que pensó que lo mejor sería volver a reunirse con su amada en el otro mundo.

Colgó una gruesa soga en una de las vigas de madera de sus aposentos y, pasándosela por el cuello, se subió a un baúl. Cuando estuvo preparado se santiguó, tomó entre sus manos un mechón de cabello que le había cortado a Arabelle antes de que le diesen sepultura y luego le dio una brusca patada al mueble. Su cuello, al partirse por la presión de la soga, imitó el sonido de las nueces al ser cascadas.

Cuando volvió a abrir los ojos ya no estaba en su castillo. Aquello era muy extraño. Estaba convencido de que su cuello se había partido al caer pero, inexplicablemente, aún seguía vivo. Sin embargo, todo lo que le rodeaba estaba muy cambiado. Cierto era que frente a él veía el centenario robledal que delimitaba sus tierras, pero no había indicio alguno de su fortaleza. Sólo quedaban unas cuantas piedras y nada más.

Creyó haberse vuelto loco y huyó de allí. Vagó durante días sin rumbo fijo, sin importarle su destino, hasta que llegó a Saint Andrews. La ciudad, al igual que sus propiedades, estaba diferente. Además, aquellas gentes aseguraban que se encontraban en el año 1804 de Nuestro Señor. Definitivamente, había perdido la cordura.

Tuvo que pasar por otro conato de suicidio hasta darse cuenta de lo que ocurría.

En el siguiente intento se lanzó desde un precipicio de ciento cincuenta metros de altura pero, por segunda vez, salió indemne de ese atentado contra sí mismo. Ahí fue cuando descubrió que habían pasado otros cien años. Ahora estaba en 1904.

Lo intentó por última vez, clavándose su propio puñal en el corazón, pero los resultados fueron similares. Había transcurrido otro siglo.

Recordó las palabras de la gitana, y entonces la cruel realidad se volvió clara y cristalina en su atribulada mente: esa mujer realmente le había maldecido, otorgándole la incapacidad de morir para así expiar sus culpas, con el inconveniente añadido de que pasasen cien años cada vez que intentase quitarse la vida. Cuando fue consciente de ese hecho terminó por hundirse. Estaba maldito, así que decidió que jamás volvería a tomar contacto con ningún mortal. Pasaría toda la eternidad en soledad, arrepintiéndose de sus pecados, con el drama de saber que nunca podría regresar junto a su amada.

Transcurrieron dos largos años, durante los cuales se mantuvo constantemente recluido en una gruta que había descubierto al pie de un acantilado. Esa cueva estaba conectada mediante unos pasadizos e intrincadas escaleras a una extraña edificación, pero sólo subía a ella en el ocaso, para contemplar las estrellas y recordar a su Arabelle.

Había perdido toda esperanza de encontrar alguna vez la paz, por lo que dio gracias al cielo cuando esa noche, inexplicablemente, una llama iluminó su oscura existencia. Quizás sí podría burlar el maleficio. Ahora sí.

No supo qué le llevó a proceder de esa forma, sólo actuó movido por el anhelo de que las cosas podrían cambiar.

Estaba allí.

Dios le estaba dando una segunda oportunidad y no la desaprovecharía.

Un torrente de lágrimas surcó sus mejillas y, con la voz demudada por la emoción y el largo tiempo sin pronunciar palabra, susurró gravemente a la mujer:

-Has vuelto a mí…

El faro©Chus Nevado

jueves, 1 de julio de 2010

Di "NO" al plagio

Esta tarde, visitando varios blogs, me he encontrado con algo que me ha puesto los pelos como escarpias. Soy consciente de que no vivimos en un mundo idílico y perfecto donde nos respetamos los unos a los otros, pero aun así estas noticias siempre consiguen sorprenderte de un modo muy desagradable, más si cabe cuando piensas que eso mismo podría sucederte a ti en cualquier momento.
Me estoy refiriendo al plagio, visto desde cualquiera de sus vertientes. En este caso, el plagio de una obra literaria. Más concretamente, un poema.
Al parecer, ésta no es la primera ni la segunda vez que la perjudicada ha sido objeto de tal agravio pero, gracias a Dios, siempre hay gente dispuesta a echar una mano para solventar en el menor tiempo posible tal desfachatez, así que cuando esta noticia ha llegado a mí, he comprobado con satisfacción que “el problema” ya se había resuelto. Aun así y por mi parte, no quiero dejar pasar de lado todo esto sin aportar antes, aunque sea, un pequeñísimo grano de arena para que esto no vuelva a suceder. 

Cuando ocurren estas cosas, no sólo se vulnera la propiedad intelectual, considerado delito se mire por donde se mire, sino que además surge en el agraviad@ una impotencia y una rabia desmedida tal que ni siquiera me puedo imaginar cómo se debe sentir esa persona. Que alguien se quiera lucrar, ya sea económicamente o con simples halagos inmerecidos, de la originalidad de los demás, me parece de un comportamiento execrable, y nadie con un poco de moral debería fomentar ni excusar (como en este caso ha ocurrido) tales acciones. 

La autora, Mary Heathcliff, ha creado desde su blog un premio, “Soy original”, como respuesta frente al perjuicio que ha sufrido en sus propias carnes. No se trata simplemente de otro premio más, premios divertidos como los que solemos recibir todos los blogs por parte de nuestras amig@s blogger@s (desde aquí reitero mi más sincero agradecimiento a todas las amigas que me han otorgado uno de ésos. Es un honor que alguien piense en ti en esas circunstancias, y por mi parte yo atesoraré todos y cada uno de ellos como un bien muy preciado, ya que me los han concedido desde el corazón). No, este premio es una campaña para concienciar al mayor número de personas posible y denunciar una conducta ignominiosa que dice muy poco (o mucho) de la gente que la secunda.


Haciéndome eco de tal iniciativa, desde aquí hago un llamamiento generalizado para propagar esta noticia, para censurar dichas acciones y para denunciar los hechos con todos los medios que estén a nuestro alcance si, en algún momento de nuestra vida, nos encontramos en esta desagradable tesitura, ya sea porque nos ha sucedido a nosotros mismos o a alguien de nuestro entorno.
Algún día esto te puede pasar a ti.

domingo, 27 de junio de 2010

Yin-yang


Una llamada, otro recuerdo.
Una voz desconocida pregunta, al otro lado de la línea, por alguien que no volverá jamás, aun sabiendo que permanecerá por siempre a tu lado.
Dos personas sin ninguna relación entre ellas, pero que tras una intensa conversación terminan unidas por un sentimiento en común.
Lágrimas como broche en la mañana.
Una visita, otra celebración.
Un pequeño ángel de rizos castaños corre a abrazarte y te rodea las piernas, haciéndote caer de rodillas a sus pies, rendida a su ternura.
La sala está atestada de gente, pero el homenajeado te regala una tierna sonrisa infantil, dedicada sólo a ti, consiguiendo derretirte el alma.
Risas para un final de fiesta en la noche.
El yin y el yang, equilibrio en el transcurso de un mismo día.
Tristeza y felicidad, las dos caras de una misma moneda.

domingo, 20 de junio de 2010

El faro


Como últimamente no tengo tiempo para escribir nada nuevo, pero aun así no quiero dejar que este blog se marchite, he decidido ir colgando poco a poco algunas de las escenas que escribí hace ya mucho tiempo. Algunas tienen relación con otras, aunque ésa no es la tónica constante, porque al fin y al cabo se crearon para un juego en el que la única condición consistía en incluir diez palabras concretas (y ni os podéis imaginar lo estrambóticas que eran alguna de ellas, tanto que casi parece que están metidas con calzador, por lo que no os extrañéis si leéis algo raro).
Dos de mis primeras entradas fueron escenas como éstas, y estaban relacionadas entre sí, pero para esta nueva entrada he elegido una en concreto, a la que le siguen dos escenas más, que se encuentran entre las que guardo más cariño de todas ellas. No son nada del otro mundo, están llenas de fallos pero, aun así, me gustaría compartirlas con todos vosotr@s.

EL FARO
Comenzaba a arrepentirse de haber realizado aquel viaje.

Cuando la bibliotecaria de su pueblo, una mujer menuda y pizpireta que siempre andaba hablando con todo el mundo, le recomendó ese destino, ella se imaginó que sería muy divertido y acabaría enamorada de esas tierras llenas de encanto. Ahora ya no pensaba lo mismo. En medio de la nada, con una oscuridad que se cernía frente a ella y que parecía que la iba a engullir, se había quedado tirada con el coche. No, si ya se lo había dicho su madre antes de partir: “¿estás loca? ¿Cómo se te ocurre irte sola de vacaciones a Escocia, recorriendo con un coche que no conoces carreteras que no conoces, y para más “inri” a un país extranjero en el que ni siquiera hablan tu idioma?”

Por aquel entonces Ana no le había dado importancia a esos comentarios, convenciendo a su madre con una razón de peso: tenía que amortizar el dinero que se habían gastado con ella en sus clases de inglés, y qué mejor forma para hacerlo que recorrer sola, durante quince días, toda la costa este de Escocia. Llevaba una semana allí, y había podido comprobar por sí misma que era capaz de interrelacionarse, con una relativa facilidad, con personas de un país extranjero y con un idioma diferente al suyo materno. Las gentes de todos los lugares que había visitado habían sido muy amables con ella, en ningún momento la hicieron sentir como una extraña.

Pero ahora se sentía muy extraña.

Se apeó del coche farfullando por lo bajo, y al acercarse a la parte delantera del vehículo comprobó que, efectivamente, se le había pinchado un neumático. Le dio un buen puntapié a la rueda maldiciendo su mala suerte, pero acto seguido levantó la mirada, intentando encontrar algún indicio de luces que indicasen un pueblo cercano donde la pudiesen ayudar. Nada. Aquel lugar era inhóspito.

Se introdujo de nuevo en el coche, metió la mano en su bolso y comenzó a buscar su teléfono móvil. No conseguía encontrarlo debido a la cantidad de objetos que tenía en su interior, así que lo volcó sobre el asiento del pasajero. Entre todas las cosas que llevaba dentro destacó una nota de color y, a su pesar, sonrió. Era la última mandarina de todas las que su madre le había dado antes de emprender viaje a un rumbo desconocido. Siempre habían sido sus preferidas, mucho más que las naranjas, por lo que su madre no había dudado en escondérselas dentro de la maleta para que, al abrirla, recordase su tierra natal: Valencia. “Bueno, al menos tendré algo que comer”, pensó reflexivamente. Al fin, debajo de unas guías de viaje, encontró lo que buscaba.

Miró la pantalla esperanzada, pero todas sus ilusiones desaparecieron cuando se dio cuenta de que no había cobertura. Soltó un improperio y, cerrando los ojos, comenzó a pensar en lo que tenía que hacer. Ella jamás había temido enfrentarse a las eventualidades que le pudiesen sobrevenir, así que, sin más preámbulos, volvió a bajarse del coche y caminó hacia el maletero.

Estaba decidida a cambiar ella misma la rueda, pero lo que nunca se pudo imaginar era que no estuviese el gato. Y no estaba. Ahora, ¿qué haría?

Pronto llegó a una decisión: si no había nadie por los alrededores, tendría que caminar hasta encontrar un pueblo. Cogió su bolso y una pequeña linterna que, eso sí, los de la agencia de alquiler de vehículos habían dejado en la guantera, y con paso firme empezó a alejarse de allí.

Anduvo durante media hora sin encontrar una triste casa. Sin embargo, cuando comenzaba ya a desesperarse, una leve llama de luz se encendió. Al principio creyó que había sido una estrella fugaz, pero cuando fijó la vista a lo lejos verificó que era otra cosa. Cada diez segundos esa luz volvía a aparecer, por lo que supuso que se trataba de un faro. Esa carretera circundaba toda la costa, así que tarde o temprano tenía que encontrase con alguno. Con fuerzas renovadas aceleró el paso y, saliéndose de la carretera, emprendió la marcha en esa dirección.

Efectivamente se trataba de un faro, pero hubo algo que la desconcertó. A simple vista parecía abandonado, pero entonces, ¿por qué seguía funcionando? Era ilógico que estuviese operativo si no había ningún vigía, así que avanzó el corto trayecto que le quedaba hasta llegar a la puerta.

La construcción estaba al borde del acantilado; al asomarse un poco se podía apreciar que la caída era considerable. Fuertes olas chocaban contra el gran muro de rocas sobre el que se elevaba el faro, haciendo que se crease una lámina de espuma que tardaba varios segundos en desintegrarse. A esas horas de la noche y con tanta oscuridad, ese lugar más parecía el enclave de una escena de terror que un simple mar embravecido. Aquello le inspiraba cierto temor, pero ya había llegado hasta allí y ahora no podía darse la vuelta. Miró con recelo la desvencijada puerta de madera y con mano temblorosa la abrió.

-Hello! Is anybody in there? (¡Hola! ¿Hay alguien aquí?) –gritó con todas sus fuerzas. Un profundo silencio acompañó a sus palabras. “Quizás esté dormido”, pensó para sí. Traspuso el umbral de la puerta y se introdujo en la edificación. Aquello estaba oscuro como la boca de un lobo, así que alumbró con su linterna y descubrió el arranque de una escalera. Dudó en continuar, pero sus ansias por volver a la civilización pudieron más que el miedo que comenzaba a hacer mella en ella, por lo que se dispuso a subir los peldaños.

-Ochenta y ocho, ochenta y nueve, noventa,… ¿es que esto no termina nunca? –Resopló un poco asfixiada por el esfuerzo-. Desde fuera no parecía tan alto…

Finalmente llegó a la cumbre, aunque tuvo que pararse unos momentos para recobrar el aliento.

-¡Jo, desde que estaba en el instituto no había hecho tanto ejercicio! –exclamó en voz alta.

Cuando terminó de recuperarse levantó la vista, sólo para vislumbrar frente a ella otra puerta cerrada. En ese momento la linterna comenzó a hacer unas cosas muy extrañas y se apagó. Ana avanzó hacia allí, ya que sabía que al otro lado habría luz, así que abrió la puerta y entró. Se encontró frente a ella con una amplia habitación, pero hubo algo que la extrañó enormemente: estaba completamente a oscuras.

-No puede ser… -murmuró-. Yo he visto luz aquí arriba.

Intentó encender la linterna para alumbrar la estancia, pero ésta no funcionó. Dio varios golpes a la carcasa, aunque no sirvió de nada.

-¡Mierda, y ahora se acaban las pilas…!

La débil luz de la luna entraba por las ventanas de la habitación, pero no lo suficiente como para iluminar la estancia por completo. De pronto, entre penumbras, vio algo moverse a su lado. Giró rápidamente en esa dirección para ver de qué se trataba, y en ese preciso instante sintió que alguien la cogía por detrás.

-¡Suélteme! –gritó en castellano-. ¡He dicho que me suelte!

Era un hombre, de eso no le cabía ninguna duda. Sentía su espalda apoyada sobre un fuerte pecho y unos brazos musculosos rodeándole el torso mientras la aprisionaba entre ellos. Comenzó a forcejear, pero la tenía bien sujeta: no pudo moverse ni unos centímetros.

De repente sintió que la cabeza de ese hombre se acercaba a la suya, y el contacto de su mejilla contra la aspereza de un mentón sin rasurar desde hacía días le provocó un leve escalofrío. Ana intentó calmarse. De nada le serviría ponerse como una histérica o luchar contra él. Había evaluado su fuerza.

Súbitamente apreció que una mano enorme, tosca, se acercaba a la punta de un mechón de su cabello y lo tomaba entre sus dedos, acariciándolo con dulzura. Poco a poco soltó las hebras y con las yemas de sus dedos fue surcando un camino desde su garganta hasta la cúspide de su pecho, rozando sutilmente un pezón. Ana comenzó a temblar de pánico, pero en ese momento sintió algo húmedo en su mejilla.

Una lágrima.

El hombre estaba llorando.

Ella no entendía nada, e iba a rogarle en inglés que por favor la soltara cuando oyó que él, con voz grave y angustiada, le susurraba algo. Al principio no entendió bien lo que decía, pero el hombre volvió a repetirlo:

-You’ve come back to me… (Has vuelto a mí…)
...

El faro©Chus Nevado

martes, 15 de junio de 2010

Mi primer microrrelato


Haciendo un pequeño inciso en mis estudios, y para que comprobéis que, aunque desaparecida, aún sigo por aquí, os voy a colgar un microrrelato que escribí para un concurso de “Cercanías Renfe” y del cual hoy el jurado ha emitido su fallo. El número máximo de palabras a utilizar (incluido el título) eran 99, y el tema a tratar tenía que versar sobre “el tránsito, el viaje, el movimiento hacia un destino”.
Como habréis supuesto después de leer esto, no, no he resultado finalista, pero al menos, y para que no se pierda en el olvido, me gustaría compartirlo con todos vosotr@s. Espero que os guste. 

ESTACIÓN “DESTINO”
Aunque el vaivén del vagón seguía una cadencia pausada, mis nervios estaban a flor de piel. Había muchas plazas libres pero yo, demasiado excitada como para hacer uso de ningún asiento, me encontraba de pie, apoyando indistintamente mi peso en una u otra pierna mientras mis dedos agarraban con fuerza la barra de sujeción. En un instante, la oscuridad que reinaba en el túnel dio paso a la intensa luz de las luminarias de la siguiente estación. Mis pupilas se dilataron, pero fue por la expectación. 
Cuando se abriesen esas puertas, habría llegado a mi destino: tú.

domingo, 2 de mayo de 2010

A todas las madres, a mi madre


Hoy, primer domingo de mayo, se celebra en España (y en algunos otros países) el DÍA DE LA MADRE. Investigando, he descubierto que cada país tiene una fecha propia, a lo largo del año, para celebrar este día. ¿Tendría este día que ser universal? No lo sé, pero esto me ha dado en qué pensar y he llegado a una conclusión: da igual cuándo sea, porque lo más importante, como ya dije en otra entrada antigua, no es fijar una fecha concreta para homenajear a nada ni a nadie. No, esto hay que hacerlo día a día con cada una de nuestras acciones, con cada gesto que aflora en nuestra cara, con cada palabra que brota de nuestros labios, con cada pensamiento que surge de nuestra mente, con cada sentimiento que nace de nuestro corazón. Ahora lo sé.

Recuerdo cuando era pequeña y, las semanas previas a esta celebración, todos los niños y niñas preparábamos en el colegio, con nuestras propias manos y un sinfín de ilusiones, el regalo para este día. En este momento intento viajar con mi mente a esos dulces años y veo, con una claridad que antes me había pasado totalmente desapercibida, el amor, la alegría y el orgullo con la que ellas recibían ese humilde presente, porque veían la ilusión en nuestras tiernas caritas. Aún no soy madre pero sé que para ellas, una dulce sonrisa, un caluroso abrazo y unas palabras cariñosas son el mejor regalo que pueden llegar a recibir, independientemente de joyas, perfumes y otras muchas banalidades. Para las madres, todo eso se relega a un segundo plano frente a una sincera demostración de amor hacia ellas. Ahora también lo sé.

Mamá, ya no puedo entregarte nada material, sé que no vas a poder recibirlo y sonreírme como lo hacías cada vez que llegaba este día, al igual que en otras muchas tantas ocasiones que hemos vivido juntas. Ni siquiera puedo darte un beso, sentir tu calor y tu amor incondicional al fundirnos en un abrazo, pero aún puedo dedicarte unas palabras con la esperanza de que vuelen muy arriba, directas hacia donde sé que se encuentra mi ángel de la guarda. Espero que cuando estas palabras lleguen a ti, sonrías como cuando yo era pequeña, como cuando con toda la ilusión del mundo, te entregaba mi regalo del día de la madre. Éste es mi regalo:

TE QUIERO, MAMÁ.

FELIZ DÍA DE LA MADRE A TOD@S