martes, 10 de agosto de 2010

El faro (3ª parte)



Aquí está la tercera y última parte que dispongo de “El faro”. A partir de ahora el argumento de esta historia habrá que dejarlo a vuestra imaginación… o a la mía. ¿Cuál os gusta más? 

Lo único que hizo fue girarse para plantarle cara. Apoyó levemente sus manos en el musculoso pecho para así crear una cierta distancia que los separase y, sin quererlo, con la yema del dedo corazón rozó el extraño colgante que ese hombre llevaba prendido al cuello. Sintió un tapón en los oídos, un hormigueo en sus articulaciones y la sensación de que le faltaba aire. Acto seguido se desmayó. De lo último que tuvo constancia antes de desvanecerse fue que unos fornidos brazos la sujetaban para evitar la inminente caída.

A partir de ese instante todo se volvió caótico. Comenzó a vagar en una espiral de imágenes entrelazadas, en las cuales se mezclaban retazos de su pasado con escenas desconocidas. En un momento dado permanecía de pie junto al bombón de su profesor de Economía mientras sujetaba firmemente, entre sus manos, el portafolios con el trabajo a entregar ese semestre, intentando en vano articular dos palabras coherentes, y al momento siguiente pasaba a encontrarse en medio de un paraje desconocido para ella, rodeada de exuberante vegetación pero completamente sola.

Hacía un tiempo lluvioso, con un fuerte viento que agitaba con fiereza las ramas de los árboles, y un estremecimiento la recorrió de arriba abajo. Estaba calada hasta los huesos, pero ese no fue el motivo de su agitación. Algo oscuro y trágico estaba a punto de ocurrir. Esa imagen desapareció precipitadamente, dando paso a muchas otras más, innumerables sucesos ya vividos anteriormente por ella. Eran flash-backs, se evaporaban tan rápido en su retina como habían venido, pero vio transcurrir toda su vida a una velocidad vertiginosa, como si una fuerza invisible hiciese pasar hacia atrás, a un ritmo trepidante, las hojas de un calendario.

El tiempo se paró, encontrándose de nuevo en el salón de su antigua casa. Vestía aquel ridículo camisón con el dibujo de ese teleñeco cuyo nombre nunca conseguía recordar, y su carita infantil resplandecía, iluminada de alegría, ante la visión de todos los regalos que le habían traído esa noche los Reyes Magos. El sentimiento que la inundó fue de felicidad absoluta, pero al instante siguiente se transformó en una tristeza y agonía total.

Volvía a estar en aquel paraje inhóspito, pero ya no se encontraba sola: hombres, mujeres y niños de piel olivácea corrían de un lado para otro agitando los brazos con una expresión en sus rostros de puro terror. Desvió la mirada hacia un claro que se abría en la espesura del bosque, y por allí vio aparecer multitud de hombres a caballo, vestidos con extraños ropajes, portando en sus manos antorchas encendidas.

Sus ojos inyectados en sangre reflejaban el odio más visceral que jamás hubiese podido contemplar.

De improvisto, los jinetes azuzaron sus monturas y las guiaron en un movimiento calculado, formando alrededor de toda esa gente un inconfundible círculo, con lentitud pero suma precisión, hasta encerrarlos en una prisión mortal.

Observó con horror cómo desenvainaban sus espadas y, sin pensárselo dos veces, arremetían contra aquellos inocentes. Lo intentó, pero no pudo hacer nada para ayudarlos; incomprensiblemente, sus pies permanecían clavados al suelo, como si hubiesen echado raíces profundas en el interior de la tierra. Lágrimas de impotencia surcaron sus mejillas ante tamaña crueldad, sintiéndose incapaz de evitar lo que estaba ocurriendo frente a sus propios ojos.

Gritó con todas sus fuerzas cuando el primer hombre asestó una estocada mortal a un muchacho que no debía de tener más de catorce años. Sin embargo, no fue por la masacre que estaba contemplando sino un dolor lacerante en el pecho, lo que la hizo doblarse en dos. Se llevó las manos al estómago y, con incredulidad, comprobó que estaban manchadas de sangre.

Su sangre.

Dejó que su mente quedase en blanco. Perdió la noción del tiempo, al igual que la del espacio. Podrían haber transcurrido segundos, minutos u horas. Sólo pudo ser consciente de que, poco a poco, el dolor iba remitiendo y un tenue aroma a jabón de sosa se impregnaba en sus fosas nasales. La cabeza le daba vueltas como si la hubiese metido en una centrifugadora, así que no fue sino al cabo de bastante rato cuando tuvo el ánimo de volver a abrir los párpados de nuevo. Aquella horrible imagen de barbarie y destrucción había desaparecido; en contraposición, ahora estaba siendo tiernamente abrazada por otra persona.

Ese extraño hombre la miraba con ojos cargados de preocupación y, mientras la acunaba en su regazo, no hacía más que repetir:

-Arabelle… Arabelle…

El faro©Chus Nevado

15 comentarios:

Mamen (LadySith) dijo...

A ver... cielo... yo personalmente prefiero TU imaginación que la mía, que últimamente está en barbecho.
Así que ponte las pilas y sigue escribiendo este maravilloso relato...¡que yo quiero seguir leyendo mas!
Por cierto... creo que he conseguido hacer un abanico "similar" a lo que me habías pedido... ¿lo sigues queriendo? Si es así, te lo enseño a ver si te gusta... Si no te gusta no pasa nada, porque a mi me encanta y me lo quedo yo...
Besitos

menchu dijo...

Mi imaginación ya está trabajando, ahora pon a la tuya. Esto merece una continuación ¿No crees?

Chus Nevado dijo...

No, si encima me vais a hacer trabajar... ¡que últimamente estoy de lo más vaga, jajajajajaja!

Mamen, guapísima, ¡por supuesto que lo sigo queriendo! Anda, mándame una fotillo para ver la maravilla que seguro has hecho.

Besos miles a las dos.

Mi Locura Romántica dijo...

El seguidor, sabio soberano, pide continuación, jejejeje.

Besitos


Carmen

Pitt Tristan dijo...

Hola Chus, soy Pitt. No sé si entiendo la pregunta sobre si preferimos tu imaginación o la nuestra, casi es como preguntar si prefiero a tu marido o a mí mujer. Sin tu imaginación no existiría el maravilloso universo de tus relatos y no podríamos gozar de su lectura pero, ya sabes... sin nuestra imaginación. El ojo no es ojo por lo ves, es ojo porque te ve.
Bueno, dicho esto, como nos pides aportar algo a la historia, allá va una especie de final, utilízalo como quieras o simplemente lee y destruye:

Pero ya no era Arabelle, o mejor dicho, era Arabelle, era Derek, era la vieja que les lanzó la maldición, era los jinetes y era sus monturas, era las manos que sostenían las antorchas. Había llegado al no lugar de las conciencias en ebullición, los espectros desamparados, las voces que se mezclan, se atropellan y vomitan su desánimo, su enojo. Y siguen esperando un consuelo, un perdón que no llega.

Chus Nevado dijo...

¡Ay va, Pitt! Me has dejado con la boca abierta después de leer "tu final"... es muy profundo, demasiado poético, pero deja un regusto caótico de tristeza. Se podría utilizar para un posible argumento ¡cómo no!, pero me da a mí que estas muchachas pretenden decirme que me deje de pamplinas y no busque un final, sino que desarrolle la historia con un argumento más elaborado y, como en toda historia romántica que se precie, con el colofón de un final feliz. ¿No ves que están pidiendo una continuación? Jajajajajajaja

Pepe Deapié dijo...

Bueno Chus, he leído tu relato y la verdad es que me ha gustado mucho. Viniendo de un lector de ciencia-ficción y ensayo puedes considerarlo un gran halago.

Recuerdo que de niño, ví la película Ella y me encantó la idea del retorno, el amor de la mujer capaz de esperar tantos años la vuelta de su amado, a pesar del regusto amargo final. Años después, cuando mi nivel adquisitivo me lo permitió, me compré el libro en el que se inspira la película (escrito por Henry Rider Haggard y por cierto, el único que tengo de este autor).

Me gusta la idea de una novela basada en el mito del retorno y que termine bien.

No se si debería permitírmelo, pero quiero comentarte que me ha sonado algo raro lo de meter la cabeza en la centrifugadora, en la última parte, porque no parece ir con la época (o eso es lo que yo me creo).

Un saludo.

Chus Nevado dijo...

Pepe, ante todo, bienvenido a mi blog. Y decirte que sí, que considero tus palabras un gran halago. Enorme halago al ser conocedora que provienen de un lector de ciencia ficción y ensayo y, creo suponer, alguien que no está relacionado con el mundo de la novela romántica.

En cuanto a lo de tu comentario referente a la "centrifugadora", no es que no sepas si puedes permitírtelo: es que debes hacerlo, y yo te lo agradezco. Es más, te voy a explicar por qué, cuando estaba revisando el texto y vi esa palabra, no la eliminé (porque hacerlo, pensé hacerlo, pero finalmente decidí que quería conservar la "esencia", el origen de este texto).
Me explico. Hace años participaba en un foro de novela romántica y, en uno de los subforos, había un juego en el que varias personas participábamos: el juego de las 10 palabras. Alguien escribía 10 palabras (te puedo asegurar que, con el tiempo, llegamos a ser muy puñeteras y las palabras eran, como poco, estrambóticas y aparentemente sinsentido a la hora de introducirlas en un texto). Bueno, pues con esas diez palabras, como habrás supuesto, había que escribir una escena, que tuviese un sentido lógico, y luego el resto de las personas que participaban tenían que corregir ese texto, tanto gramatical como sintácticamente, incongruencias, argumento... La palabra "centrifugadora" era una de las 10 palabras obligatorias, lo mismo que "teleñeco". De hecho, las tres partes que he colgado de "el faro" pertenecen a ese juego de escenas. Cuando escribí la primera, me propuse ir un poco más allá y continuar la historia, aprovechando ese juego, hasta crear alguna otra escena más que estuviese relacionada.
¿Entiendes por qué he querido conservar esa palabra, aun a sabiendas de que sonaba rara en el contexto? Sí, lo sé, suena muy sentimental, jajajajaja

Pepe Deapié dijo...

Curiosa la explicación, sí. Un saludo.

Yolanda Quiralte dijo...

¿¿¿No os da la sensación de que estamos los mismos por toooodas partes??? En fin... Chus, hija. Eres una gran escritora. En cuanto me quede sola, me leo los tres de golpe, porque ahora en mi casa hay 27342834personas y no me da tiempo ni de leer, ni de escribir ni de naaaaa.
ME ha parecido preciosa la tercera parte.
UN besote guapa

Cuca dijo...

Y esperamos una cuarta, una quinta o todas las que tú quieras añadir a estas 3.
Si al final me tienes enganchada.
Te llamo en 2 semanitaaaaaaas.
Un beso enorme, mi niña

Chus Nevado dijo...

Yolanda, ¿es que has organizado la fiesta "flower power" en tu casa, que tienes tanta gente allí metida? jajajajaja

Cuca, ¿ya sólo quedan dos semanas? ¡BIEN, BIEN, BIENNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNN!

Yolanda Quiralte dijo...

La fiesta flower power ya la hicimos en julio. Ahora hemos montado la de "amigos de Teruel, que comen jamoncito bueno" Ya ves, cada cosa a su tiempo.

menchu dijo...

Estoy alucinada con el final de Pitt. Me encanta.

En cuanto a la continuación, Chus has sido muy discreta explicando que es lo que en realidad pedimos. Una historia larga, sí, completa, sí, que tenga final feliz, también ¿Pero no hay algo más que le falta? SI lo que estás pensando.

Mar Carrión dijo...

Pues yo creo que ahí tienes mucho material para hacer una novela más larga, Chus. En cuanto termines de reescribir la que te tiene ahora tan liada (o al menos eso espero, ya te dije que no se te permite ni respirar hasta que la termines, jaja) deberías plantearte escribir esta, que tiene una pinta..... Y desde luego que prefiero tu imaginación, tú eres la maestra en novela histórica petardilla.